En los últimos tiempos y debido a la proliferación “amazonil” que hemos  presenciado en España,  el tema de las indumentarias se ha convertido en objeto  de conversación, estudio y debate. Para mi personalmente hablar de indumentarias correctas siempre es un poco atrevido, ya que nuestra primera pregunta debería ser ; ¿ correctas para quien? La corrección y la incorrección siempre vienen ligadas a la existencia  de entidades que abarcan y regulan, por lo que oigamos “se puede o no se puede “ debemos cuestionarnos donde y por quien.

He elegido la indumentaria vaquera como la primera para tratar debido a que es la que mayoritariamente podemos encontrar en España, debido a la abundante y creciente presencia de amazonas en el mundo campero, y también debido a que tal vez sea la que podemos tratar con mayor claridad ya que ha habido una entidad muy representativa que la ha reglamentado.

Como mera introducción histórica vamos a contar que el origen de la tradición vaquera  como ahora la entendemos procede del  mundo del  toro bravo y de su manejo en el campo por parte de los  vaqueros, mayorales y propietarios.  Hay que intentar comprender la sociología y evolución en el tiempo del mundo campero para llegar a la concepción moderna de la indumentaria vaquera.

Nos vamos a remontar al siglo XIX , cuando no había vehículos en España, y sin embargo había corridas de toros por toda la península. Como el lector comprenderá estos toros se criaban el campo, lejos de las plazas. En el día a día  eran manejados por vaqueros y mayorales a caballo que a diario vestían camisas, chaquetas y sombreros de ala ancha para el sol y gorra para el viento y la lluvia. Los días importantes eran otros; los tentaderos, fiesta en el campo, y las lidia en la plaza. Esos días grandes eran en los que los ganaderos y mayorales  lucían especiales trajes para la ocasión. Las chaquetas se fueron acortando y tomaron el nombre de una prenda de las américas; la guayabera.  Poco a poco se fue perfilando un traje campero con calzona o pantalón de vuelta, y en su caso polaina y zapato más de gala o boto, más de faena. La liturgia del campo y el toro bravo fue moldeando un traje que es destilada esencia de la cultura dentro de la que se desarrolla. Para no perder el hilo conductor debemos hablar de que en aquellos primeros momentos las mujeres que andan en el campo a la amazona lo hacen en montura inglesa, con falda , camisa, chaqueta y sombrero también de ala ancha, y son las señoritas hijas de los ganaderos.

Es a primeros del siglo veinte cuando se fragua el embrión de lo que ahora denominamos indumentaria vaquera. Las chaquetas se acortan, los sombreros se ensanchan y el traje corto va cogiendo entidad. Las ferias ganaderas, matrices de las ferias actuales, donde las casetas eran verdaderos centros mercantiles, condicionan esa evolución. En aquellos momentos las féminas que acudían a la  Feria montadas a caballo lo hacían a la amazona, y vestían trajes de chaqueta  de la época con sombreros representativos de la indumentaria habitual de la gente de bien de cierta alcurnia. Como testimonio de ello en postales de 1904 hasta 1910 encontramos imágenes de este tipo de atuendo

En esta segunda década del siglo XX, hace ahora 100 años, nos encontramos una amazona singular. Doña Sol, duquesa de Santoña, gran aficionada al acoso y derribo, que encargó una montura vaquera de amazona, probablemente una de las primeras que se fabricó en España y que practicaba el acoso con una caña resistente, ya que las garrochas usadas entonces, generalmente de majagua, pesaban mucho. Si Doña Sol hubiera conocido las actuales garrochas de fibra de carbono habría disfrutado aún más de su afición.

Reinas de España y mujeres de la clase alta  empezaron a vestir la indumentaria de los hombres camperos adaptándola a su feminidad. Colores grises y beis con vivos negros y marrones se dejan entrever en las fotos que se conservan de la época  Las sillas inglesas de amazona se recubrían con una zalea de borrego. La guerra y post guerra españolas frenaron una España que ya venía de una delicada situación, y hasta la década de los cincuenta no empiezan a remontar tímidamente estas manifestaciones sociales. En esa década el traje de amazona vaquero es mayoritariamente negro, de arriba abajo , y sin chaleco en la mayoría de los casos.

En la década de los setenta, en una intento de fomentar la cultura vaquera y buscar su reconocimiento social, un grupo de personajes representativos del mundo del caballo andaluz, inician la aventura de introducir en el mundo del deporte la “doma vaquera”, y bajo el paraguas de la federación hípica recuperan los concursos que se estaban haciendo  casi de forma espontánea en muchos pueblos de Andalucía, la reglamentan y sientan las bases de la que deberá ser la indumentaria correcta, huyendo de estridencias y adornos.

Este reglamento ha tenido una gran importancia fuera de lo que ha sido la vaquera de competición. La indumentaria de los jinetes de concurso  ha servido como referencia al resto de los aficionados a la hora de vestirse. Esperemos que a partir de ahora siga sirviendo para lo mismo, ya que en los últimos tiempos hemos visto alguna que otra chaqueta azulona y algún tipo de cuello de chaqueta puesto de moda que por más que me lo propongo no encuentro en ninguna foto antigua, y que personalmente considero modificaciones del atuendo tradicional originadas por “modas”

Otra de las grandes cosas que hicieron los “padres de la doma vaquera” fue contemplar la posibilidad de que la mujer a la amazona concursara en doma vaquera, y en su reglamento aparece un pequeño texto sobre la indumentaria femenina. Nosotros nos vamos a basar en ese texto por que reinventar lo que ya está inventado y en vigor….la verdad, no tiene mucho sentido. Vamos a intentar dar unos consejos o premisas que permitan a   una amazona vestir de corto correctamente, pero adaptando a su personalidad la composición de su traje.

La falda de amazona es una de las diferencias del traje respecto al que usaríamos para montar a horcajadas. Tradicionalmente en España no se usó la media falda, pero todo evoluciona, y debe evolucionar, y actualmente es una elección de la amazona. Lo que si que no es correcto es llevar una botonadura llamativa en ella. Ante la duda para nuestro fondo de armario elegiremos el color negro, compatible con casi todos los colores y que siempre es elegante.

La blusa blanca o beis, camisera, aunque si nos vamos a concursar un cuello de tirilla con algún adorno no es desaconsejable. La manga larga…que se van los puños con el brazo estirado al menos. El chaleco a juego con la chaqueta o guayabera. Una amazona puede usar indistintamente esas dos prendas indistintamente. El sombrero puede ser de ala ancha, catite y calañés, pero  desde nuestro punto de vista la presencia vaquera se realza con el sombrero de ala ancha.

El pañuelo en la cintura es imprescindible. Es importante que este en sintonía con los colores de nuestro traje y que no sea estridente.

La amazona puede elegir entre el uso de polainas o de botos a su gusto y antojo y desde luego no hay ninguna ley escrita a este respecto.

En cuanto joyas y otros elementos ornamentales podemos afirmar que en el uso de pendientes debe ser de pequeño  tamaño . Antiguamente las solteras llevaban brillantes y las casadas y viudas perlas, pero en la actualidad el uso de las perlas se ha generalizado.

Un pequeño broche en el cuello o un camafeo también pueden ayudar a completar la elegante imagen de una amazona a la vaquera, pero ante todo debemos llevar los “chismes “ bien limpios, el caballo impoluto, con el tupé rasurado o recogido, las crines trenzadas o entresacadas y el pelo del maslo de la cola anudado.

En caso de que vistamos en invierno o en dia de frio será aconsejable el uso de marsellés o de pelliza campera.

Como siempre es el conjunto el que otorga a la amazona la personalidad y la elegancia, y dentro de unos cánones buscar aquellos tejidos, colores y complementos que más acorde consideremos con nuestras personalidad.

Elena Herranz de la Fuente

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